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miércoles, 29 de mayo de 2013

EL PUENTE DE TRIANA


 EL PUENTE DE TRIANA


Este Puente que, si bien es verdad que se llama oficialmente de Isabel II, 
no es menos cierto que para el pueblo y el resto del planeta,
 es el Puente de Triana, y además, así consta 
en uno de sus pilares cara al Sur.


Los romanos, así como los visigodos, 
desecharon la idea de unir estas dos partes de Sevilla mediante un puente.
Los árabes decidieron que un puente sería de una importancia vital para la comunicación, y el abastecimiento a la ciudad desde el Aljarafe, así como la atención militar que requería el castillo-fortaleza situado en Triana, por lo que en 1171, Abu Ya´qub Yusuf (Yusuf I y Califa almohade 1135-1184), mandó que se instalaran unos tablazones sobre barcas bien amarradas entre ellas, y debidamente ancladas a ambas bandas.


Tras la Reconquista de Sevilla por el Rey Santo Fernando III, 
y algunos siglos después, los muchos problemas causados por este tipo de pasarela 
sobre un río con un alto índice de crecidas, y unos enormes gastos de mantenimiento, 
hicieron que el Ayuntamiento se planteara la posibilidad de un nuevo puente 
que ofreciera mayor seguridad, pues eran muchas las personas
 que se habían ahogado por causa de la inestabilidad del mismo.


El primer proyecto conocido para el nuevo puente será el de Fabricio Mondente, en el año 1563. Fue rechazado al no ofrecer la seguridad que se exigía una vez tomada la decisión de erradicar el puente de barcas. El segundo proyecto vendría avalado por el Conde de Barajas en 1578. Este tampoco sería aceptado por parecidos inconvenientes. El tercero sería el de Pedro de Andrades en 1585, con igual resolución, y ya en 1629 el Vizconde de la Corsana presentaría el proyecto de un puente sólido y de fábrica (en piedra) que por su diseño habría de ser construido a la altura de Chapina. Fue desestimado, ya que la idea era que el puente estuviera justo a la entrada de Triana, o sea que tuviera su desembarco en la Plaza del Altozano. Aun hubo otro proyecto presentado por Andrés de Oviedo en ese mismo año, y que también fue desestimado.


En el año 1844 y con el descubrimiento de las nuevas técnicas del Hierro, la Junta Consultora de Caminos Canales y Puertos ya constituida, se propone sacar a concurso el proyecto del nuevo puente. Al final, el diseño y tras algunas deliberaciones recae sobre realizar una copia del famoso puente “Carrusell” que existe sobre el río Sena en París, un puente ya hoy desaparecido y que fuera proyectado por el Ingeniero Remigio Polenceau en 1834. Seguramente no fue defendido como defendimos los sevillanos cuando algunas intelectualidades del Ministerio de Obras Públicas dejaron caer la orden de demolición de nuestro Puente de Triana, un desafortunado 7 de Diciembre de 1974. Un puente que al final sería declarado: Monumento Histórico Nacional el 13 de Abril de 1976.


Aquel proyecto le sería encargado a dos ingenieros franceses (coetáneos de un Eiffel que en aquella época está realizando también un grandioso puente para los ferrocarriles de Burdeos). Ellos serían: Gustav Steinacher y Fernand Bernadet, los cuales recibirían el encargo en Abril de 1844, y quedando la construcción del mismo, adjudicada a la Fundición San Antonio que los Hermanos Bonaplata (uno de ellos, Narciso y precursor de la Feria de Abril, junto con Ibarra), poseían desde 1840 en la localidad de El Pedroso en la provincia de Sevilla.
Las obras, con el Ingeniero Carlos María Cortés al frente, comenzarían a primeros de 1845 quedando terminadas en 1852. Sería un 23 de Febrero del mismo año en el que con un apoteósico desfile militar, y en presencia de la reina, quedaría inaugurado este Puente que, si bien es verdad que se llama oficialmente de Isabel II, no es menos cierto que para el pueblo y el resto del planeta, es el Puente de Triana, y además, así consta en uno de sus pilares cara al Sur.




Ceramica de Triana Sevilla 
Alfareria Veinte Beatriz Rengifo



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